Cómo reducir la merma que te descuenta la acería al entregar chatarra
Si le vendes chatarra o material ferroso a una acería, sabes que el peso que te pagan casi nunca es el que salió de tu patio. De dónde viene ese descuento, cuánto de él es evitable y cómo juntar la evidencia para negociarlo.
El camión sale de tu patio con 30 toneladas según tu báscula. Días después llega la liquidación de la acería: menos peso, un porcentaje de descuento por humedad, otro por “estériles” y una parte reclasificada a un grado de menor precio. Nadie te explica muy bien cada número, y para cuando lo revisas ya hay otros tres camiones en camino.
Esa diferencia es la merma que te aplica la acería. Una parte es real y no se puede evitar. Otra parte es evitable. Y otra parte, la más incómoda, es simplemente la que no puedes discutir porque no tienes evidencia. Este artículo es sobre cómo separar las tres.
Por qué la acería manda en el peso y la clasificación
Primero, la regla del juego. En México, los manuales de recepción de chatarra de las acerías suelen establecer por escrito que para efectos de pago se toman los pesos de su báscula y su clasificación, y que el material debe llegar libre de contaminantes. Es su planta, su horno y su riesgo: si entra agua o un tanque cerrado al horno, el problema es de seguridad, no solo de dinero.
Eso no significa que no se pueda negociar. Significa que la negociación se gana con datos, no con quejas. Quien llega a la junta con el historial de cada embarque discute porcentajes concretos; quien llega con la sensación de que “nos están castigando de más” se va con la misma tabla de descuentos.
De dónde sale el descuento
La merma que aparece en la liquidación casi siempre se compone de cinco conceptos:
- Diferencia de peso. Tu báscula contra la suya. Puede venir de calibración, de cómo se pesa (eje por eje o completo) o del agua que escurre en el trayecto.
- Humedad. La chatarra mojada pesa más y la acería lo descuenta. Lluvia en el patio, material que se lavó o carga que viajó sin cubrir.
- Impurezas y estériles. Tierra, arena, concreto pegado, plástico, madera, hule. Todo lo que no es acero y que la acería tiene que separar o que termina como escoria.
- No ferrosos y piezas prohibidas. Cobre, aluminio, motores completos, tanques cerrados, cilindros. Además del descuento pueden provocar rechazo de la carga.
- Reclasificación. Material que mandaste como un grado y que el inspector clasificó como otro de menor precio: pesada que se toma como mixta, paca con contaminantes, rebaba con aceite.
Cada uno tiene una causa distinta y se ataca distinto. Por eso el primer paso es dejar de ver “la merma” como un solo porcentaje.
Lo que sí está en tus manos
Báscula propia verificada. Si tu báscula no está calibrada ni verificada conforme a la norma aplicable (en México, la NOM-010-SCFI-1994 para instrumentos de pesar no automáticos), cualquier diferencia de peso es indiscutible: no hay contra qué compararla. Una báscula verificada convierte “nos quitaron peso” en “hay 380 kg de diferencia en este embarque, y en los últimos diez la diferencia promedio es de tanto”.
Control de humedad. Patio con drenaje y zonas techadas para el material que se moja más fácil, carga cubierta en temporada de lluvias y registro del clima del día de carga. El descuento por humedad es de los más fáciles de reducir y de los menos medidos.
Clasificación previa en patio. Separar antes de cargar es más barato que pagar el castigo después. Un operador capacitado con un criterio escrito —que coincida con el de la acería— evita la mayoría de las reclasificaciones.
Evidencia de cada carga. Fotos y video de la carga antes de salir, desde los mismos ángulos siempre, con hora y número de embarque. Si la acería reclasifica, puedes pedir su evidencia y comparar.
El criterio por escrito. Pide la tabla de clasificación, los porcentajes de descuento y el procedimiento de reclamación de la acería. Muchas discusiones se acaban cuando ambos lados leen el mismo documento.
La herramienta que casi nadie usa: el historial por embarque
El cambio grande no es ninguna de las medidas anteriores por separado. Es registrar, por cada embarque, una sola fila con todo:
- Peso en tu báscula y peso en la báscula de la acería.
- Descuento por humedad, por impurezas y por reclasificación, cada uno por separado.
- Grado enviado y grado liquidado.
- Fecha, clima, chofer, origen del material y, si se conoce, el turno o inspector de recepción.
Con unos meses de esa tabla empiezan a aparecer patrones que con la intuición no se ven: un tipo de material que siempre se reclasifica, una ruta donde se pierde más peso, un turno de recepción que aplica más descuento que otro, un proveedor tuyo cuyo material siempre trae tierra.
Esa tabla también cambia la conversación comercial. Ya no pides “que nos traten mejor”: muestras que en los embarques con evidencia fotográfica la reclasificación bajó, o que la diferencia de peso con una báscula es sistemática y pides una verificación conjunta.
Dónde entra la tecnología (y dónde no)
No hace falta empezar con nada sofisticado. La tabla anterior puede vivir en una hoja de cálculo bien llevada. Pero cuando el volumen crece, hay tres cosas que la tecnología hace mejor que una persona:
- Conciliación automática. Cruzar tickets de báscula, remisiones y liquidaciones de la acería sin capturar a mano, y avisar cuando un embarque se sale del rango normal.
- Tablero por embarque y por concepto. Ver en tiempo real cuánto se está descontando por humedad, por impurezas y por reclasificación, y no solo el total al cierre del mes. Es lo que hacemos en un Centro de Mando.
- Visión artificial en patio. Cámaras que fotografían cada carga y estiman contaminación visible antes de que salga. Es la pieza más avanzada y solo tiene sentido cuando el historial ya demostró que la reclasificación es el concepto que más cuesta.
El orden importa: primero se mide, después se automatiza la medición y hasta el final se agregan sensores. Lo explicamos con más detalle en cómo reducir mermas en producción y almacén.
Si no vendes chatarra: la merma en maquila de acero
Hay otro caso en el que “la acería aplica merma”: cuando le compras acero o le mandas material a procesar —corte, rolado, decapado— y te entrega menos peso del que entró. Ahí la merma de proceso es normal, pero debería estar pactada como porcentaje por tipo de proceso. La lógica es la misma: pesa lo que entra y lo que sale, registra cada orden y compara contra el porcentaje pactado. La diferencia que se repite es la que se negocia.
Por dónde empezar esta semana
- Pide a la acería su manual de recepción y su tabla de descuentos vigente.
- Revisa cuándo fue la última calibración de tu báscula.
- Arma la tabla por embarque con las liquidaciones de los últimos tres meses. Aunque falten datos, ya vas a ver qué concepto pesa más.
Si quieres que te ayudemos a ponerle número a esa merma y decidir qué atacar primero, en una Radiografía 11D un experto revisa tus datos contigo y te dice dónde está el dinero.